Con el desvanecimiento de estos edificios no sólo desaparecen unas fachadas, unas paredes, un mobiliario, también se diluyen muchas más cosas precipitándose al olvido los miles de recuerdos que llenaron estos lugares de vida y de historia. En ellos la ausencia de uso, de actividad, de expectativa es fundamental para entender toda su potencia evocadora. Vacío como ausencia, pero también como presencia, como espacio de lo posible. Estas huellas de destrucción son la construcción del vacío en el espacio no intervenido.
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